No pretendo que me entiendas. No pretendo que me ames. Solo sotén mi mano mientras ando descalza por el asfalto en una madrugada de sábado.
No quiero que este amor sea eterno, no quiero que las cosas salgan de las copas de medianoche. Sigamos disimulando, ni yo te conozco ni tú a mí. Finjamos miradas furtivas y tumbemosnos bajo los sémaforos en rojo. No es el momento ni la persona adecuada, pero vaya como son las cosas de inoportunas.

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