Solo pienso en ti, en mí. En estar tumbada en tu cama, solo queriéndote mirar a esos ojos. Esos ojos color chocolate que tanto he querido. En los cuales me sentía afortunada al estar reflejada.
No espero que me perdones, ni espero perdonarme a mí misma. Pero la vida es muy joven y no la pensamos deperdiar en lágrimas tontas aunque tengan valor sentimental.
Ambos hemos rozado las estrellas, saboreado el sabor dulce del azúcar, vueltos locos cada día solos y querido. Tú no me has querido más y tampoco menos, ninguno mide lo que ha querido. Después de todo yo he ganado a querer y tú sentirte querido y te agradezco haber sido tu acompñante en este tramo del viaje.
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